Desde este rinconcito de Guanajuato, cuna de conspiradores, de la tierra mía, no puedo dejar pasar la oportunidad para compartir con mis estimados 9 lectores para hacer alusión a los festejos del bicentenario de nuestra independencia. Creo que todos los mexicanos lo vimos y lo vivimos, el pasado 15 Y 16 de septiembre entre el festejo popular y las celebraciones oficiales, se han pasado 200 años del nacimiento de nuestra nación independiente. Una ocasión única también para reflexionar en lo que hemos construido en este tiempo y lo que aún nos falta por hacer.
Cuántas cosas han pasado en estas dos centurias, nuestra historia está llena de ejemplos de esperanza y de sacrificio, de hombres y mujeres buenos que lucharon por sus ideales en su momento, independientemente de la corriente ideológica que los motivara, no hubo traidores a la patria, sólo seres humanos que querían cosas diferentes para su país. México muchos años después de su lucha independiente, tuvo que enfrentar guerras fratricidas para terminar de definir, inclusive, qué tipo de régimen de gobierno quería darse a sí mismo, la lucha entre la monarquía y la república, entre los conservadores y los liberales. Nadie hoy cuestionaría la consolidación del estado liberal a través de la República, pero llegar a ello fue a costa de mucha sangre de unos y de otros, pero mexicanos todos. Los que han escrito la verdadera historia de México no fueron los escritores oficiales bajo la visión excluyente de los vencedores que la relataron a modo, sino la que se ha escrito a lo largo de todo este tiempo y la que se sigue escribiendo a diario con millones de héroes unos reconocidos y honrados y otros desconocidos y muchos olvidados.
Es también éste el momento de reconciliarnos con nuestra historia y con nuestro pasado.
En estas semanas también se están exhibiendo en las carteleras de los cines y en televisión algunas películas que nos hablan de los héroes de la Independencia, pero más que ver al héroe, nos muestran la faceta humana de estos hombres y mujeres, de cómo respondieron a los retos de su tiempo, ahí es donde está el “quid” de su heroísmo, más que en lo que hayan o no logrado, en cómo se enfrentaron para cambiar el “status quo” de su época. He leído y recomiendo ampliamente a mi círculo de lectores, la serie de libros que ha escrito Armando Fuentes Aguirre, mejor conocido como “Catón”: “La otra Historia de México”, son tres tomos de fácil acceso, pero de mucho mayor amena lectura, hasta anecdótica, diría yo; la verdad es que es una delicia leerlos por la forma y la ligereza en su escritura, nos describe muy bien esa parte humana de tantos personajes que los libros oficiales nos divinizaron hasta el hartazgo y nos ubica en la realidad humana y cotidiana de nuestro pasado extraordinario.
A lo largo de todos estos meses anteriores, a través de las redes sociales y los medios de comunicación, se han manifestado miles y miles de ciudadanos respecto de si hay o no motivos para festejar; los más optimistas y los más pesimistas, a todos les concedo razón, porque seguramente cada uno ha podido desde su propio estado de ánimo visualizar su propia situación. Sin embargo, hoy tenemos muchos elementos para saber que en estos años México se ha venido constituyendo como Nación a diferentes ritmos, pero lo ha venido haciendo, con esfuerzo y sacrificio sin duda. No podemos decir que los tiempos del pasado son mejores, debemos considerar que cada generación ha tenido sus propios afanes y sus propias circunstancias; no podemos hacer filosofía de la historia sin encuadrarnos en el marco histórico de cada momento y de cada actor.
Yo quiero estar del lado de los optimistas que creemos, sin lugar a dudas, que hoy México es mejor que antes, ciertamente han crecido nuestros desafíos, pero en la medida en que cada uno de nosotros, cada ciudadano, respondemos a los retos de todos los días, estamos construyendo un mejor país; el papel del gobierno es generar las mejores condiciones para que las personas podamos desarrollarnos en armonía y en paz, dar certeza jurídica y legal a las inversiones para que se puedan generar empleos; abrir las oportunidades de una mejor vida en salud, en educación y en infraestructura para que la sociedad también pueda abrirse camino en la vida. Los gobiernos son temporales y transitorios, pero la sociedad permanece y crece.
Alguna vez, hace ya muchos años, haciendo mis “pininos” en estos gajes de la política, alguien me preguntó por qué había tomado la decisión de entrarle a esto, y mi respuesta fue simple; “porque no estoy satisfecho con lo que nos han heredado las generaciones pasadas y porque si no hago algo por cambiar las cosas para bien y heredar un mejor futuro a las que vienen, otros lo harán y sabrá Dios cómo y no puedo menos al retirarme que dejar el lugar mejor de cómo lo encontré”.
El bicentenario nos pone en un momento crucial para retomar el rumbo de nuestro país para los siguientes 200 años por venir, está claro que en el México contemporáneo, el gobierno no puede con todo el paquete, la verdad es que sólo nunca ha podido sin los ciudadanos, hagámoslo unidos y hagámoslo con ganas. Las futuras generaciones lo merecen.
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