Esta semana ha dado inicio el proceso para la renovación del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Acción Nacional; quien ocupe la presidencia del partido será el responsable de dirigir los trabajos de toda estructura y la militancia de todo el país rumbo a las elecciones federales próximas. El próximo 4 y 5 de diciembre en sesión de su Consejo Nacional, 381 consejeros habrán de elegir en voto directo, personal y secreto al sucesor de César Nava. A diferencia de lo ocurrido en los dos últimos procesos en los que sólo hubo un solo aspirante, hasta ahora son cinco los valientes apuntados, señal clara de que tendremos sin duda, con una caballada fuerte, una contienda muy interesante.
Justamente el día de ayer, conversaba con uno de los aspirantes a ocupar el cargo de Presidente Nacional, hacíamos un ejercicio sano de introspectiva, de reflexión y de autocrítica, compartíamos nuestras visiones respecto de los retos del PAN para el futuro, con auténtica convicción por nuestros principios y valores, con la transparencia que da un diálogo entre amigos que comparten los mismos ideales y con un profundo amor a México y respeto por nuestra historia, le preguntaba, lo mismo que le he podio preguntar a cada uno de los que quieren dirigir a mi partido: ¿qué le espera al PAN y a México contigo?, ¿ Qué vas a hacer para construir la unidad y preservar nuestra identidad ideológica y política? ¿Cómo superar el pragmatismo y preservar el humanismo?
El partido de Gómez Morín que desde 1939 y durante décadas, cuando no había nada que ganar, ni tenía nada que perder, cuando todo era cuesta arriba, mientras no fue gobierno, nació y vivió alimentado por el ferviente deseo, no de alcanzar sólo el poder público, sino para cambiar la cultura de los mexicanos, para transitar de un sistema político autoritario, a un estado democrático, transparente y tolerante, en donde se respetara la libertad de expresión, de conciencia y la voluntad personal. Había armonía y cordialidad porque había eso que hoy se ve menos que antes, pero que todavía a muchos nos sostiene aquí: mística, generoso espíritu de servicio y de lucha por el Bien Común. Durante todos esos años, el PAN luchó por "mover las almas" para democratizar a México, porque quería desterrar del ejercicio del poder público las "viejas prácticas" que el sistema usaba para conservar el poder, eran los tiempos de "la Presidencia Imperial"; del "tapado" y del "candidato oficial", ese que se constituía en el elegido por el dedo del gobernante en turno y que usaba todos los recursos públicos a su alcance con el mayor cinismo y ante quien toda "la cargada" de funcionarios se debía doblegar a fin de imponer la voluntad del gobernante en turno a como dé lugar, abuso del cargo y desprecio por la responsabilidad legal, ética y moral de velar por el bien común, para ofrecer chambas en el gobierno aunque no redituaran en nada al ciudadano, con cargo al erario que hizo al gobierno terriblemente ineficaz; entregar ilegalmente a través del partido y su estructura "becas", así le llaman ahora, sin el mínimo estudio socioeconómico, dinero en efectivo, vamos, para comprar lo que sea, inclusive la conciencia, menos para estudiar y programas sociales y apoyos para los campesinos, "el voto verde" que dejó sectores de la sociedad terriblemente dependientes del gobierno, todo repartido a quienes podrían comprar para que les promovieran el voto, su estructura política eran operadores de la burocracia, funcionarios públicos, diputados y alcaldes que amenazaban con el despido a los trabajadores del gobierno que no asistieran a sus mítines o no votaran por ellos para se viera el "músculo", a cambio de una torta y un refresco, o un plato de carnitas con frijoles; seleccionar a los desempleados del partido para emplearlos donde fuera a cambio de una lealtad inexistente, desviar cínicamente los recursos del contribuyente a las campañas, coaccionar, presionar, intimidar a todo aquél que se opusiera a sus intereses y a todo esto le llamaban: "ser institucionales"; el partido era sólo un apéndice malogrado del gobierno, era la maquinaria que así se aceitaba para cada elección, y funcionaba para hacer toda clase de trampas y mapacherías; el dirigente partidista con una subordinación total a los designios del gobernante, sólo el parapeto para que por su medio, el Presidente o el gobernador en turno impusieran a sus candidatos, "los fieles lacayos" del sistema a costa de lo que fuere, arremolinados como moscas alrededor del dulce, ciclo tras ciclo, la historia era la misma y así logró mantenerse muchos años más no sin consecuencias. Ubicó en dos planos muy distintos y distantes uno del otro, generando un abismo infranqueable entre ambos: la clase política gobernante, inaccesible e hipócrita y el resto de los mortales, ciudadanos que no veían cristalizados sus sueños, por el contrario, lo recuerdo con pánico, herederos de inflaciones galopantes, crisis económicas y una deuda pública impagable. Un pasado que no queremos que jamás regrese, el fantasma del siglo pasado que ronda aún entre nosotros amenazando con volver a la vida.
No cabe duda, es mi convicción, que mientras en México no hayamos resuelto el gravísimo problema de la pobreza, no habremos de tener verdadera democracia, porque mientras haya necesidad, siempre habrá quien pueda, desde el gobierno, comprar las conciencias de la gente. Durante años, lo recuerdo con cierta nostalgia aún, al grito de "Toma lo que te dan, pero vota por el PAN", invitábamos a los ciudadanos a que tomaran conciencia de su propia libertad, con el más profundo anhelo y la más grande esperanza de que podríamos cambiar el actual estado de cosas.
Continuaremos con la segunda parte, la próxima semana en este mismo espacio.