lunes, 4 de octubre de 2010

Comida chatarra

Escrito por Senador Ricardo Torres Origel   en el heraldo del bajío

Lunes, 04 de Octubre de 2010 00:45

No cabe duda que en estos gajes del oficio se aprende a diario, sobre todo cuando se despoja uno del "glamour" -que para muchos reviste tener un cargo público- y se mantiene a ras del suelo en contacto permanente con la ciudadanía.
Así es que en estos recorridos kilométricos por mi querido estado de Guanajuato he recogido las más extraordinarias experiencias nacidas desde la propia vida de los guanajuatenses; de ahí surge la inspiración para hacer nuestro trabajo y aportar lo mejor de nosotros mismos para seguir cambiando, para bien, el actual estado de cosas.

Reza el refrán popular que todo es una moneda de dos caras y, en el tema de la alimentación, no es la excepción: desde los que viven como el pobre Lázaro, en pobreza alimentaria, que no tienen ni lo más indispensable para satisfacer los requerimientos nutritivos diarios y padecen hambre y desnutrición, hasta los que se ubican en el otro extremo, al estilo de Epulón: comida de sobra, pero no necesariamente nutritiva ni de calidad que produce muchos otros males.
Dos facetas de nuestra realidad social mexicana que requiere la implementación de cambios en las políticas públicas con urgencia, para lo uno y para lo otro.
Tarea de romanos, sin duda, por el tamaño del reto a enfrentar, pero que tenemos  la obligación moral de iniciar.
Así, en la Comisión de Educación del Senado, analizamos en estos días la implementación de reformas a las Leyes de Salud, de Educación y la Ley Federal del Consumidor, a fin de regular, por primera vez, en las escuelas públicas y privadas de nuestro país, la venta y el consumo de alimentos de nulo o bajo contenido nutricional, mejor conocidos como comida chatarra.
Buscamos hacer cambios en la información de los empaques de los alimentos que ilustren al consumidor acerca del contenido real del producto que pretende comprar, promover entre los padres de familia la preparación de alimentos sanos y nutritivos para sus hijos, así como los que se preparen en la escuela y fomentar el hábito de la actividad física y la práctica de algún deporte, con el objetivo de evitar el grave problema de obesidad y sus enfermedades asociadas que padecen ya millones de personas en México.
Cifras de la Secretaría de Salud estiman que el 70 % de la población total sufre alguno de estos padecimientos. Asimismo, las actividades físicas poco a poco han dejado de ser prioritarias o relevantes para muchas personas y familias, lo que ha contribuido a la proliferación de actividades sedentarias de esparcimiento, por la que optan niños y jóvenes, y a la nula práctica del deporte.
El sobrepeso y la obesidad se presentan casi en el 70 % de la población. Visto desde la perspectiva de los géneros, ambos padecimientos afectan al 71.9% de las mujeres y al 66.7% que son hombres entre los 30 y 60 años. En niños de 5 a 11 años el índice fue de alrededor de 26% para ambos sexos; 26.8% en niñas y 25.9% en niños, lo que representa poco mas de 4 millones de niñas y niños que padecen sobrepeso u obesidad.
Según datos de la propia Secretaría de Salud, el costo total al contribuyente por el servicio de atención a los problemas de salud asociados al sobrepeso y la obesidad ha aumentado de 35,429 millones de pesos en 2000 al estimado de 67,345 millones de pesos en 2008. La proyección es que para el 2017 el costo total ascienda a 150,860 millones de pesos.
Estas cifras nos dan una idea del tamaño del costo que tienen los malos hábitos alimenticios en nuestro país, por una parte y, por la otra, lo que se podría hacer con ese dinero para acortar los márgenes de pobreza alimentaria en la que viven todavía millones de mexicanos. Pero también son indicadores de la terrible desigualdad social que seguimos padeciendo y que requiere de cambios legislativos de fondo.
Tengo que decir, con cierta preocupación, que esta discusión no ha estado exenta de tropiezos y claroscuros, los intereses económicos que se trastocan son muy grandes y no han faltado las objeciones a la reforma, los atorones y las prácticas dilatorias y torpederas. Para algunas empresas de alimentos chatarra, el mercado de los niños a través de las tienditas escolares les representa grandes dividendos y pingües ganancias.
Lo que pretendemos con la reforma es promover, desde luego, y con todo lo que esto representa para las condiciones de nuestra población, un cambio de cultura en el que participen los padres de familia, los maestros y los estudiantes, así como los propios fabricantes de alimentos, que fomenten mejores hábitos de alimentación e higiene, no sólo por el costo que esto representa, sino porque lo que queremos desde la propia legislación es una sociedad más sana para el futuro; tenemos aún mucho por hacer por supuesto, pero esperamos que este sea un buen comienzo.

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